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Nadie nos enseñó, por Verónica Mery

Por muchas décadas creí que yo tenía una personalidad definida, una manera de ver la vida que era mía y que no cambiaba. Creía saber cómo debía ser la vida, lo que tenía que hacer o no hacer para ser feliz.

El poder de pensar es invisible para nosotros como lo es el poder que regula los latidos del corazón, el sistema digestivo, el sistema inmunológico entre otros, entonces a medida que desarrollamos hábitos de pensamientos y creencias comenzamos a usar nuestro pensamiento en contra de nosotros mismos.

Vemos lo que hemos aprendido a ver y todo lo demás es invisible, los pensamientos personales parecen tan reales, puedo ver aquello externo que causó mi dolor y que merece de toda mi atención en el momento.

Sin embargo, la ingeniería divina con la que estamos hechos es perfecta, nuestra mente tiene una capacidad ilimitada de imaginar, soñar, experimentar y crear con el don del pensamiento. Infinitas posibilidades están a nuestra disposición.


“El pensamiento es la llave maestra que abre el mundo de la realidad a todas las criaturas vivientes.”

                                      Sydney Banks




Cada vez que hagamos un mal uso de la herramienta del pensamiento, vamos a sentir dolor. Todo pensamiento se registra como una sensación física en nuestro cuerpo, el sentimiento que experimentamos es la manera que tiene el sistema de guiarnos y saber la calidad de la experiencia que estamos creando momento a momento con nuestro pensamiento.

Nadie nos enseñó a temprana edad que pensar es nuestro don divino y la forma en que creamos nuestra experiencia de vida, que somos posibilidades infinitas, que no estamos limitados a una manera de ser y de estar en el mundo.

Nadie nos enseñó que cuando silenciamos la mente, seguimos los susurros de nuestro corazón y anulamos al crítico interior nos permitimos fluir con la vida, lo que nos llevará a destinos desconocidos llenos de posibilidades jamás imaginadas.

Nadie nos enseñó que cada momento es un nuevo momento para descubrir, sin historia, con la mente en blanco, en un nuevo renacer, sin historia solo hay asombro y descubrimiento.

Nadie nos enseñó que el diseño es perfecto, que no hay nada que hacer, conseguir o lograr, que contamos con todo lo que requerimos para ser feliz.

Hoy tenemos la gran oportunidad de trasmitir esta verdad a nuestros niños, a las nuevas generaciones, enseñarles que la vida es un regalo, que tienen un poder divino y que son los creadores de su experiencia, que no hay límites, que sus pensamientos son productos fugaces de su propia capacidad ilimitada para crear imágenes e ideas pero no tienen el poder de detenerlos; que la felicidad es su derecho de nacimiento, que todas las respuestas que necesitan están en su interior que es la única fuente confiable, que la vida es éste único y particular momento y que si se rinden a él crecerán hacia niveles ilimitados de consciencia.


Verónica Mery

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