Coherencia, el fin de la doble vida por Verónica Mery
La vida que muestras y la vida que vives.
Cuando ambas empiezan a contar historias diferentes.
Un pensamiento genera una señal eléctrica en tu cerebro. La emoción altera el ritmo del corazón. Ese ritmo crea un cambio electromagnético que organiza la biología, también influyen el entorno, los espacios, los sonidos, las personas con quienes nos relacionamos, los estímulos, todo emite frecuencia. El cuerpo no solo habita un lugar, entra en resonancia con él. Todo afecta, el pensamiento es información en forma de onda y el entorno es un campo que amplifica o distorsiona esa señal y cuando alineas lo que piensas, sientes y vives, tu frecuencia se ordena y tu biología responde con coherencia.
La separación entre tu mundo externo y tu mundo interno es la ilusión más costosa que cargas.
No se trata de construir una versión más auténtica de ti.
Se trata de ver qué ocurre cuando dejas de creer que tienes que sostener una versión determinada de ti.
Hay una parte de nosotros que mostramos al mundo.:
“Estoy bien.”
“Estoy feliz.”
“Confío en mí.”
“Me encanta mi vida.”
“Estoy disfrutando esta etapa.”
Y existe otra experiencia que quizá nadie conoce:
“Estoy agotada.”
“Tengo miedo.”
“No sé qué quiero.”
“Siento que estoy fingiendo.”
“Me pregunto si esto es realmente la vida que quiero.”
Y aparece la pregunta:
“¿Qué me pasa si, en realidad, no tengo motivos para sentirme así?”
Quizá no estás mal porque tu vida no sea suficientemente buena.
Quizá estás cansado de sostener una historia sobre cómo deberías sentirte mientras estás viviendo otra experiencia por dentro.
Cuando existe una gran distancia entre ambas experiencias, aparece un enorme desgaste.
No necesariamente porque estemos mintiendo a los demás.
A veces estamos intentando convencernos a nosotros mismos.
La incoherencia interna puede aparecer en:
Relaciones: Dices que quieres una relación tranquila, pero vives interpretando, controlando y anticipando.
Dinero: Dices que quieres abundancia, pero internamente estás viviendo desde el miedo constante a perder.
Trabajo: Dices que quieres libertad, pero necesitas demostrar constantemente tu valor.
Imagen Personal: Dices que te aceptas, pero tu bienestar depende de cómo te perciben los demás.
Propósito: Dices que quieres vivir tu propia vida, pero sigues intentando cumplir expectativas que quizá ya ni siquiera son tuyas.

Lo que ocurre afuera no está separado de lo que estás viviendo adentro. Y cuando comprendes cómo se crea tu experiencia, empiezas a mirar tu vida de una manera completamente diferente.
No porque cada pensamiento cree mágicamente una circunstancia externa, sino porque la manera en que pensamos determina lo que vemos, lo que interpretamos, lo que sentimos y las acciones que emprendemos.
Tus relaciones, tus decisiones, tus resultados y la vida que estás construyendo terminan mostrando, de alguna manera, la relación que tienes con tu propia experiencia interna.
Aunque no controlemos todo lo que sucede afuera, sí estamos constantemente experimentando lo que sucede a través del pensamiento y es ahí donde aparece nuestro verdadero especio de libertad.
Vivir desde la Coherencia es:
Dejar de pelearte con la experiencia que estás teniendo.
Si estás triste, reconocerlo.
Si tienes miedo, verlo.
Si estás confundido, no inventar una certeza.
Si estás feliz, disfrutarla.
Si no sabes qué hacer, permitirte no saber.
Y, sobre todo:
Dejar de construir una identidad alrededor de cada estado pasajero.
La vida nos muestra constantemente dónde estamos poniendo nuestra atención, qué estamos creyendo y desde qué pensamiento estamos experimentando el momento.
Y cuando cambia nuestra comprensión, puede cambiar nuestra manera de vivir, no porque hayamos aprendido a controlar la realidad, sino porque dejamos de vivir completamente a merced de nuestra interpretación de ella.
Tal vez tu vida está bien.
Tal vez hay cosas que sí necesitan cambiar.
Tal vez hay conversaciones que necesitas tener.
Decisiones que necesitas tomar.
Límites que necesitas poner.
Sueños que necesitas recuperar.
Pero quizá no necesitas esperar a que todo eso esté resuelto para sentir paz, porque hay algo que puede cambiar mucho antes: tu relación con tu propia experiencia.
La separación entre tu mundo externo y tu mundo interno comienza a desaparecer, ya no necesitas que afuera esté perfecto para poder estar bien adentro, y tampoco necesitas estar perfectamente bien adentro para comenzar a transformar lo que necesita ser transformado afuera.
Empiezas a vivir desde un lugar diferente.
No desde el control, no desde la lucha, sino desde la Comprensión.
¿Qué pasaría si no tuvieras que elegir entre la persona que muestras y la persona que eres cuando nadie te ve?
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