Saber porque sí, por Marina Galán
- Marina Galan

- 31 jul
- 2 min de lectura
Actualizado: hace 2 días
A los seres humanos nos encanta saber. Nos encanta la certeza de algo, la seguridad de algo, la ilusión de control que nos da el pensar que sabemos.
Pero la verdad, la verdad, es que la mayor parte del tiempo no sabemos. No sabemos qué sigue, no sabemos por qué pasan las cosas, no sabemos lo los demás piensan, no sabemos cómo funciona el universo… la mayoría de nosotros ni siquiera sabemos lo que realmente queremos, lo que elegiríamos si de pronto tuviéramos absoluta libertad de escoger.
Lo que sabemos, eso sí, lo sabemos más allá de cualquier duda. Sabemos que amamos a quién amamos, sabemos que nos gusta un cierto sabor de helado, sabemos cuál es nuestra camisa favorita.
Hasta ahí todo bien.
Pero ¿qué pasa con la incertidumbre? Es decir ¿qué pasa cuando queremos saber y no sabemos?
Ahí la incomodidad. Ahí el desasosiego. Ahí la angustia. Ahí la pelea interna por saber. Nos desesperamos y empezamos a tratar de saber. Forzamos nuestro intelecto, sopesamos los pros y los contras, analizamos “evidencia”, buscamos razones para convencernos…
Pero ¿ven? El tema es que no sabemos hasta que sabemos.
Hace unas semanas, había un espacio vacío en mi calendario, y no sabía qué hacer en él. Tenía opciones. Muchas. Pero ninguna parecía convencerme del todo. Cualquiera hubiera podido funcionar y hubiera sido maravillosa, pero no había un “sí” absoluto en mí. Hasta que de repente, apareció otra opción que no había contemplado, y cada célula de mi ser supo que eso era exactamente lo que tenía que hacer. Implicaba muchos retos, mucho esfuerzo, mucha logística; y claro que mi mente racional presentaba todo eso como razones para no hacerlo. Pero nada de eso importaba, porque yo sabía que eso era lo que tenía que hacer, más allá de cualquier razón lógica o justificación para hacerlo.

Ayer mismo, en una maravillosa conversación con uno de mis hijos, lo veía debatirse alrededor de una decisión en la que no tenía claridad; lo veía tratando de saber, buscando intelectualmente la respuesta correcta, esforzándose por encontrarla.
Recordamos juntos aquella cita de Mooji, “Si hay elección, no hay claridad”. Recordamos que si no sabes, no sabes, y está bien. Es parte de la experiencia humana. Está bien porque así funciona la Vida: mientras no tengas que saber, no sabrás; y cuando tengas que saber, sabrás. Sabrás más allá de cualquier razón o justificación. Y entonces sabrás que sabes y podrás confiar en ese siguiente paso.
Mientras tanto, puedes seguir con tu vida, disfrutando el momento presente tal cual se está presentando, sin necesidad de que sea nada más y nada menos de lo que ya es.
La verdadera rendición es, a veces, soltar la necesidad de saber y aprender a simplemente estar bien no sabiendo. Hasta que el saber venga por sí mismo, sin necesidad de forzarlo. Un saber libre y completo, perfectamente alineado con quién y qué eres, un saber que te guía por la Vida más allá de ti y de cualquier historia de deber. Un saber porque sí, porque es sin explicaciones ni condiciones. Porque es incluso sin ti.
Marina Galán





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