Ir sin rumbo más rápido, la paradoja de la acción intuitiva, por Karen Arias
- Karen Arias

- hace 5 días
- 2 Min. de lectura
¿Te ha pasado que quieres avanzar hacia alguna meta y piensas que lo tienes que hacer, despacio, calculado y controlado?
¿Qué pasaría si lo haces rápido para dejar esos pensamientos de interferencia atrás aunque no tengas un rumbo tan claro?
Esta propuesta es una invitación a desafiar la sabiduría convencional que prioriza la planificación meticulosa antes de actuar, que es posible confiar en tu mente universal y avanzar fluidamente no importando ir rápido sin un rumbo tan claro.
Nos da vértigo avanzar sin rumbo, el problema no es el camino o la meta, si no el ruido que creamos en nuestra mente.
Nos despertamos y en ese instante nuestro cerebro empieza a mandar señales a todo nuestro cuerpo, abrir los ojos, estirarnos moviendo diferentes partes de nuestro cuerpo para despabilarnos, enseguida empiezan los pensamientos a explotar como palomitas de maíz y “empieza nuestro día; tenemos tantos que no sabemos cómo empezar a acomodarlos y empezamos a seleccionar a cual le pondremos atención, sentimos que el cuerpo, al minuto uno, está ya tan saturado, comenzamos a agobiarnos y no sabemos cómo vamos a poder atenderlos o gestionarlos todos, no sabemos a dónde ir o cómo llegar a cumplir todo, lo único que necesitamos hacer es meter primera para avanzar y empezar a tomar velocidad.
Creemos que ir despacio sin rumbo es más seguro, pero ¿Qué pasa si vamos sin rumbo más rápido, a donde nos lleve el viento?
La velocidad de acción nos puede servir como una herramienta para superar el miedo a la incertidumbre y el análisis excesivo. Propongo que veamos la velocidad como una acción expansiva contra la parálisis. La acción inmediata y rápida funciona como un "corta-circuitos" para la mente consciente, que tiende a saturarse de opciones y miedos. Al "meter primera", se pasa de un estado de rumia mental a un estado de flujo, lo cual puede generar confianza en nosotros mismos porque se estamos haciendo algo, en lugar de nada.

No siempre tenemos que entenderlo todo conscientemente para avanzar. Confiar en el universo significa aceptar que el caos y la aleatoriedad son parte de la vida y que podemos navegar en ellos enfocándonos y confiando en lo que ES.
La felicidad no está garantizada al alcanzar una meta específica, sino en el proceso de ser fiel a uno mismo y de soltar el control sobre resultados que están fuera de nuestro alcance.
Solemos tener el prejuicio de que tenemos que tener un rumbo específico y claro porque sería llegar al paraiso del logro, cuando no hay nada de malo en ir sin rumbo, queremos tenerlo todo predeterminado, cuando de primera instancia lo mejor que podemos hacer es quedarnos con nosotros, tener autodependencia, autoconfianza, somos lo únicos que tenemos esa capacidad y permanencia . No requerimos de un GPS constante, sino que a veces es un salto de fe hacia la acción, permitiendo que el camino se revele mientras avanzas.
Aunque no tengamos o sepamos a donde ir, pon primera y simplemente con esa acción será lo único que necesitas saber y estar listo para avanzar, si es necesario pon el acelerador para que dejar atrás por un momento nuestra mente personal que interfiere con nuestro avance.
¡Buen viaje en esta velocidad confiada!
Karen Arias









Comentarios