top of page
Buscar

Un mundo inevitablemente maravilloso, por Carolina Gallardo Barker


Trece años han pasado desde que conocí los Tres Principios.

No lo vi.

No lo entendí.

No me hizo “clic” a primera vista.


De hecho, me pareció de una simpleza tan absurda que, al final del primer día del curso, ya estaba decidida a regresarme a casa.

Pero mi querida amiga Jo insistió en que me quedara.

¡Ella festejaba como si hubiera encontrado el tesoro escondido al final del arcoíris!


Yo, en cambio, sentía hasta pena por Ian Watson: un maestro tan maravilloso, a quien veía por primera vez… creyendo, pobrecito, que esto era la respuesta a todo.

¡Qué gran decepción!


Ese momento en que decidí quedarme a regañadientes,

ese momento en que me quedé en la conversación,

ese…

me cambió la vida para siempre.


Dura de entendederas, resistiendo como gato que no quiere ser bañado, me quedé. Y al final del segundo día, regresé a casa.


Pero pese a mi resistencia, pese a mi deseo de que cambiara el afuera sin que yo tuviera que cambiar nada…

todo en mí ya había empezado a transformarse.


Ian Watson y Carolina


“Es inexorable”, decía Sydney Banks.

“A poco de andar, se manifestará en tu vida”.


Y así fue.

No como un curso de milagros, sino como algo mucho más silencioso y profundo: el simple hecho de que Ian había compartido algo tan verdadero, tan mío como de todos, tan inevitablemente inherente a la Mente —con mayúscula—, que se coló para siempre entre las rendijas de mi mente intelectual.



Ya no había marcha atrás.


En mi experiencia de estos casi trece años, hay dos manifestaciones imposibles de ignorar:


Una gratitud que se siente como si el corazón no tuviera más espacio, que te deja de rodillas.

Una creatividad nunca antes experimentada.


¡Un mundo inevitablemente maravilloso!


Un mundo de una belleza desconocida:

en las pequeñeces,

en la profundidad de relaciones que jamás había conocido,

en la aparición de verdaderos superhéroes de la cotidianidad.


Con tan poco.

Tan poquito.

Una pizca de sal que lo llenó todo de un sabor intenso.


“Vamos a recorrer el mundo dándoles una palmadita en el hombro a quienes se acerquen, y los despertaremos a un mundo maravilloso que ya es de ellos, aunque todavía no lo sepan”, decía Syd, describiendo con absoluta certeza lo que vendría junto a su gran amiga Elsie.


Y así fue.

Y así sigue siendo.


Como mi gran amiga Jo.

Como mi gran maestro y amigo Ian.

Como tantos y tantos aquí.


Para quienes despiertan,

y para quienes son especialistas en dar palmaditas en el hombro,

va mi relato, mi respeto

y mi más profundo agradecimiento.


¡Los quiero!


Carolina

 
 
 

Comentarios


  • Youtube
  • alt.text.label.Facebook
bottom of page